miércoles, 18 de noviembre de 2009

No hay nadie como tú, no hay nadie como tú mi amor...

Mientras escribo escuho en mi cabeza a Calle 13, sin Café ni Tacuba (No sé por qué me acuerdo ahora de un compañero de la prepa o de la secundaria que murio en algún momento impreciso entre el 93 y el 2005, de cuya muerte me entere tarde, cuando ni si quiera recordaba que había sido mi compañero. Es increibe como las personas se nos borran cuando dejamos de verlas mucho tiempo, incluso aquellas personas que fueron importantes o decisivas en nuestra historia. No recordamos pero tampoco olvidamos, prueba de ello es que ahora lo recuerdo, porque se apellidaba o le decían Tacuba y lo relacioné con el hecho de que a Calle 13 le faltaba el café cuando se presentó en el zócalo de Puebla durante el FIP). Escucho "No hay nadie como tú", me parece triste. Eso es todo.

martes, 6 de octubre de 2009

Perseverancia y terquedad

Esta mañana recordé la oración de la serenidad, esa que pide valor para cambiar las cosas que se pueden cambiar, serenidad para aceptar las cosas que no se pueden cambiar, y sabiduría para distinguir la diferencia. El asunto es que a veces nos sobra terquedad para cambiar aquello que no se puede cambiar: a los demás; y nos falta perseverancia para cambiar lo que sí se puede cambiar: nosotros mismos. Así que hay dos opciones: podemos quejarnos de que nadie sonrie o alegrarnos de que nada ni nadie puede impedirnos regalarle a la vida una sonrisa.

martes, 11 de agosto de 2009

Tengo cinco minutos...

...antes de que cierren el café, antes de que el mesero-niño de sonrisa amable me traiga la cuenta sin que se la pida. No sé bien a bien por qué escribo lo que escribo, no sólo esto, sino todo. Ensayo una respuesta, quizá porque queda poco tiempo y si la idea queda inconclusa puedo culpar al prójimo. Siempre es bueno echar la culpa al prójimo de dejar inconclusas las ideas, las historias. Todo termina por culpa del otro. uno lo único que puede hacer es ir sobrellevando esas historias que se quedan en anécdota. Pienso en la mujer de la intendencia que ayer por la mañana leía los cartelitos pegados en las puertas de los baños con frases de Madame Bovary, se apenó cuando vio que la observaba, bajó la vista. ¿Qué le parece? le pregunté. Se ve que está buena, dijo. Pues debería leerla. No, a nosotros no nos prestan los libros. ¿Está segura? No, nunca he preguntado. Hay personas que asumen que no tienen derecho a la belleza, así, sin preguntar. Todos deberíamos sentirnos merecedores de lo bello. Quizá por eso escribo, para crear una belleza simple, al alcance de todos, quizá porque no es del todo bella, porque es para lo que me alcanza la imaginación, para una belleza que no lo es, y para lo que alcanza este mundo en el que los cafés con buen café cierran a las nueve de la noche y la dejan a una con las palabras metidas en el cogote sólo por no empezar a escribir un poco antes. Me voy, antes de que pongan los candados.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Quizá la lluvia

Llueve. A través de los cristales de la biblioteca puedo ver los jardines del campus. El pasto parece de un verde más intenso a esta hora de la tarde que se humedece. La lluvia siempre me provoca nostalgia --el problema con las emociones que me provocan el clima o el paisaje es que siempre resultan lugares comunes.
Van dos semanas que me siento cada día, de 9:30 a 2:30 y de 4:00 a 6:30, frente a esta misma computadora, y es la primera vez que despego la vista del monitor para ver más allá del ventanal y su gama de verdes, azules y grises. O al menos es la primera vez que miro con atención la cuesta, los árboles pequeños, los arbustos...
¿Qué hay de extraordinario este día en el paisaje que me captura ahora como no lo hizo la semana pasada o hace cuatro días? Quizá la lluvia. La única manera que tiene el cielo de acariciar la tierra, de hacerla sonreír. Por eso se ilumina a pesar de que es tarde.
El problema de la nostalgia que provoca la lluvia es que me pongo cursi y me dan ganas de llover caricias sobre una que otra piel.

lunes, 3 de agosto de 2009

Extrañezas I

Imagina que un día caminas por la calle, frente al antiguo mercado la Victoria, es uno de esos días en que te sientes frívola y observas las vitrinas con ganas de atestar tu armario de zapatos de tacón que nunca te pondrás. Te detienes y piensas que en lugar de elegir entre castaño y negro, si tuvieras dinero suficiente comprarías ambos pares. Un hombre se te acerca, te dice: "me atrevo a molestarla porque hay algo importante que usted debe saber". Lo miras, con su corta estatura, su frente despoblada, bigote recortado estilo Pedro Infante, guayabera azul claro, un bastón en que apoya su cojera. Lo miras, con tu seño fruncido por la desconfianza. Te dice: "Es que yo tengo el don de leer el aura y la suya es muy clara, luminosa, pero hay un punto negro a la altura del vientre, alguien le puso un mal". Respiras, y lo escuchas hablar pacientemente. Esperas al final la tarjeta ofreciendo servicios de limpia, brujería, lectura del tarot, pero no llega. El hombre sólo dice, "está usted advertida, haga algo al respecto. ¿Quiere darme un abrazo?". Tú contestas que no. Y te vas a tu casa con un poco de miedo azuzando tus pasos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

No era para nosotros

Nos encontramos, por equivocación, en el lugar correcto para que las miradas se cruzaran. Y no fuimos nosotros, fue la luna, y fue octubre, y aquel día que era lunes, y el absurdo deseo de quedarme sentada contemplando tus manos que no vería otra vez, y la curiosidad de entender que pasaba debajo de tu piel. Y después fue el encanto de tu mirada antigua, tu sonrisa de niño y el calor de tus manos, la dicha de saber que existías, y de que tu existencia se cruzaba, aunque fuera a destiempo y por error, con la mía. Y luego la certeza de que no habría manera de entender el misterio, y el caos agigantándose en el pecho, las voces tropezadas de mi madre y mi abuela hablando de que el amor no basta: hay que hacer lo correcto. Al final la traición de las palabras que dijeron aquello que no quería decir, las ganas encontradas de correr y quedarme.
Ahora es esta grieta tatuada en la epidermis por la que puedo ver mi corazón acurrucado, sin ganas de ser piel, porque tus manos ya no estarán ahí para sentirlo. Y pienso que ese encuentro no era para nosotros, era para alguien más. Ellos habrían sabido conjurar a la luna, acariciar al viento de una tarde de octubre, beberse a fondo un mirar sibarita; habrían sabido incluso decir lo que sentían, aquello que esperaban -porque las esperanzas siempre esperan­-; habrían sido ellos mismos, sin ningún artificio; y les habría bastado con mirarse a los ojos, entrelazar las manos, para entender que el destino nunca se equivoca, y que los encuentros en días de luna llena siempre suceden en el momento justo.

jueves, 14 de mayo de 2009

La vida sigue disparando

Leo a Fernández-Latrrea en un libro prestado. Sé que debo devolverlo pronto. Sí, tengo la costumbre de devolver los libro cuando sólo son préstamos, sino me queda el sentimiento de haberme apoderado de un hijo que no es mío.
Hay un poema que leído muchas veces, quizá porque está al principio del libro y es fácil encontrarlo, o quizá porque el yo poético es el viejo Marlowe, en un mundo violento en el que las cicatrices lo mismo son producto de bala o cuchillo o labios de mujer.
Entonces me imagino al detective de Chandler, con el rostro de Humphrey Bogart, entrando a un hotelucho de los Ángeles, aunque pudiera ser la Habana o Casablanca, con una joven prostituta que tiene, no sé porque extraña asociación cinematográfica, el rostro de Ingrid Bermang.
El viejo detective, y sé que es él porque para mí no hay más Marlowe posible, se queja de que "los tiempos gloriosos ya pasaron" y le pide a la chica que obvie las caricias porque está de regreso "de la peor de las guerras".
Y aquí el asunto mío, pasiva espectadora de este mundo instaurado, es sólo percatarme de que el tiempo va dejando muescas en forma de pregunta que no tiene respuesta, de recuerdos que nunca sabremos si son falsos, y en ausencias más hondas que el cuerpo que las produjo.

lunes, 11 de mayo de 2009

Las palabras de otros...

Leo la tesis de un compañero de maestría, Roberto Martínez Garcilazo. Su tercer capítulo habla de la escritura como sabiduría de sí mismo. cita a Foucault, a San Antonio, a Plutarco. Me apropio de una idea: La escrirura como recolección del logos, de lo leído, lo escuchado y lo pensado, un medio para relacionarse con uno mismo a partir de las plabras de otros.
Cierto, esto que soy ahora, que estoy siendo, parte de las lecturas realizadas: leemos libros, pero también canciones, dibujos y miradas. Nos vamos construyendo en relación al mundo, seleccionando aquello que responde a una intíma intuición de quienes somos; por eso vistamos de forma recurrente, autores y paisajes, amigos y sonidos en los que podemos encontrarnos a nosotros mismos.
Aprendemos, nos aprendemos, en la medida que somos capaces de aprender al otro, de identificarnos, pero también de sabernos distintos y complementarios. Abrazar a un amigo, amar el arte, es abrazar y amarnos a nosotros mismos.

domingo, 10 de mayo de 2009

Llueve...

Apenas una brisa húmeda se cuela por la ventana abierta. Un poco del paisaje: los arcos superiores del mercado La Victoria, el rostro de un dragón, y los restos del día que se deshoja. Poco ruido, la gente se esconde y el frío toma las calles.
Tengo ganas de salir a caminar debajo de un paraguas o un impermeable azul, pero no hay impermeables ni paraguas. Tampoco voluntad, porque me quedo aquí, mirando el mundo, un retazo del mundo, por la ventana abierta y sintiendo en el costado izquierdo la caricia del frío que pasa sin permiso.
Y evoco caminatas en calles empedradas, otra ciudad barroca, otro día entristecido y una sonrisa cálida. La humedad en el aire y en el cuerpo. Un pasado colmado de promesas en las que no se vislumbraba este futuro.
Hace frío. Quizá bastaría cerrarle la ventana, pero tampoco hay voluntad para extender el brazo y dejarlo rumiando detrás de los vitrales. Apenas voluntad para cerrar los ojos e inventar un paraguas, o un impermeable azul, y caminar aquellas otras calles, debajo de otra lluvia.

sábado, 9 de mayo de 2009

Dicotomías

Lotman dice, palabras más, palabras menos, que todo texto nos muestra dos mundos antitéticos con un límite definido y nos cuenta la historia de un personaje que traspasa el límite: realidad/fantasía, ricos/pobres, capitalistas/comunistas, policías/ladrones, ellos/nosotros. En el fondo de toda historia existe este conflicto sobre el que se dibuja el camino del héroe.
Hace unos día, navegaba en la red buscando antagonismos: bien/mal es el primero, quizás el más común, lo que cambia es la manera en que los hombres traducen bueno/malo. Me encontré con la frase se Sócrates que dice: No existen hombres malos, hay hombres ignorantes; no existen hombres buenos, sino sabios. Tendríamos que asumir, para aceptar el razonamiento del filósofo, que la sabiduría implica mucho más que información y astucia.
Hay un canadiense, Lonergan, se llama, mucho más radical: no existen hombres buenos, sino inteligentes, no existen hombres malos, sino estúpidos. Es lógico si aceptamos: todos y cada uno formamos parte del ser humanidad; al hacer daño al mundo, al ser humano que tenemos en frente, a la larga nos estamos dañando a nosotros mismos, al ser humanidad que conformamos todos, contribuimos a nuestra destrucción. Toda criatura tiende a preservarse y a preservar su especie, lo contrario es sin lugar a dudas muy estúpido.

viernes, 1 de mayo de 2009

Es uno de esos días...

Me duele el tobillo. Hace un par de horas, al bajar del taxi, no me percaté de un desnivel en la banqueta y se dobló. Ahora me duele. También me duele (aunque menos), la pantalla estrellada de la lap. Con el dolor deje caer la mochila y ahora hay una telaraña de cristal entre lo que escribo y yo. Afortunadamente sigue funcionando.
El tobillo inflamado, latiente, el piquete que siento al caminar, me hacen prestar atención a mis pies, quizá por eso recuerdo una novela que leí hace ya muchos años, más de diez, La guerra de Galio, de Héctor Aguilar Camín. No recuerdo la historia (tenía algo que ver con guerrilleros, creo), pero sí las cartas que Mercedes le enviaba a Vigil, particularmente una: Al reverso de una fotografía de sus pies, Mercedes escribió: “Te presento a mis pies que nunca has visto, porque siempre andabas entretenido con todo lo demás”.
Creo que en general no vemos nuestros pies, no les prestamos atención excepto cuando duelen, por una torcedura o un clavo enterrado, cómo le pasa a uno de los personajes de No volverán los trenes de Andrés Acosta, ¿Arquímides? No sé, ahora no recuerdo exactamente el nombre, pero es sólo hasta que siente la carne atravesada cuando se pregunta, ¿para qué sirve un pie? Yo ahora pienso en eso y trato de imaginar posibilidades más allá de las comunes, como una manera de distraer la atención del dolor insistente y de la telaraña que se extiende delante de estas letras.

martes, 28 de abril de 2009

Imaginate que...

...un día despiertas, sales a la calle y sólo hay bolsas de plástico dejándose llevar por el viento helado de la tarde (teóricamente deberías haber despertado en la mañana, pero una escena de desolación es mejor si al fondo el sol se oculta), hay cubrebocas rotos, blancos y azules, tirados en el piso. Si fueras personaje de "Exterminio", seguro buscas comestibles e inicias la lucha por la supervivencia. Pero siendo, como eres, un ser de carne y miedo (descripción buenísima del ser humano plagiada de una historia de Acosta), te sientas a llorar en la banqueta y dices: "¡Puta madre!, todo se fue al carajo".
Y este es el momento, hijo del melodrama, en que por fin dedicas un instante a pensar en las cosas que no hiciste: llamar a tu madre por teléfono, abrazar a tu hermano, besar a una mujer (u hombre, también se vale), renunciar al trabajo y ponerte a escribir como desesperado tus memorias, unirte a una caravana de gitanos, trabajar en un circo, empiernarte con alguien cual siameses, acariciar con el empeine las pantorrillas de alguien debajo de una mesa... ¿Qué estamos esperando?

domingo, 26 de abril de 2009

Bueno por conocer

Mi horóscopo dice: "Parece que tienes una afición enfermiza por las causas perdidas. Es tiempo de poner un freno a todo esto. Sí, ¡hazlo de una vez por todas! Mantén tus ojos puestos en los ganadores y ya no pierdas tiempo en observar a los perdedores".
Alguna vez leí, quien sabe en que libro de autoayuda, que la tendencia a permanecer en el pasado (léase una relación, un trabajo o una situación que ya no nos satisface, y que sabemos, al menos inconscientemente, que ya fue etiquetada como causa perdida), viene del miedo al cambio, aquí es donde aplica aquel refrán de "más vale malo por conocido que bueno por conocer", y allí nos quedamos.
También leí, no sé si en el mismo libro o en otro, que nadie hace nada si no es porque obtiene a cambio alguna gratificación, del tipo que sea, incluso la de saberse importante para alguien. Estar con una persona que no nos necesita, que triunfa y es feliz independientemente de nosotros no compensa nuestro ego.
Y como las personas son espejos (sí, también es una idea extraída de un libro de autoayuda), nos hacen ver nuestras carencias y a veces es difícil tomar la decisión de superarlas, en un perdedor podemos contemplar nuestra mediocre magnificencia en lugar de ver lo que nos falta conseguir, así nos encerramos en un círculo vicioso que no es bueno para ninguna de las partes.

viernes, 24 de abril de 2009

Alacranada...

¿Alguna vez te ha picado un alacrán? A mí, no. Pero dicen que uno siente, primero, el dolor del piquete y luego un entumecimiento que parte del lugar donde el pequeño insecto ha introducido su veneno. Luego el rostro entumido, las piernas y los brazos. Así me siento ahora, con el rostro entumido, pero no ha sido el alacrán quien ha introducido su veneno.
Quisiera escribir más, imaginar incluso el sonido que producen las patas caminando por las barras de madera, pero no sirve la imaginación en estos trance, ni siquiera siento lo caliente del te cuando llevo la taza hasta mis labios, ni siquiera cuando un poco de té resbala por las comisuras y me quema ¿quema? la pierna a través de la mezclilla.
estoy alacranada, algo, como veneno, me entume los sentidos y yo bebo té esperando que sea un antídoto efectivo, que me permita al menos... no sé, seguir sientiendo como dejo, poco a poco, de sentir.

jueves, 23 de abril de 2009

Improvisar un poco

Muchas veces nos quejamos de que las personas que nos rodean no satisfacen nuestras expectativas, no cumplen cabalmente con el papel que les hemos asignado o queremos asignarles en nuestra vida. Nos sentimos defraudados si la personalidad, los actos o las circunstancias de quien ha sido elegido para desempeñar tal o cual papel no se ajusta a la imagen ideal que fabricamos, o peor aún, si no está interesado en aceptar el papel que proponemos. Cualquiera que sea el caso, al final, nos sentimos estafados y tendemos a culpar a los otros de nuestra insatisfacción, pero lo cierto es que el casting estuvo en nuestras manos, nosotros elegimos, para bien o para mal, a la gente que forma parte de nuestra realidad. Si tienes claro que historia quieres contarte, las características de los personajes, y algo no funciona: cambia de reparto, tú diriges. Otra opción sería dejarnos de papeles prefijados e improvisar un poco, dejar que cada sujeto haga lo que le apetezca y hacer lo propio. El resultado puede ser desastroso, es cierto, pero también existe la posibilidad de crear una historia memorable.

sábado, 18 de abril de 2009

La eternidad se nos acaba

Los segundos se escurren imperceptiblemente. Cuando nos damos cuenta ya todo ha concluido, se ha ido sin nosotros. Todo se nos diluye: las personas, las cosas, y hasta nosotros mismos. Incluso en este instante algo ya está por irse.
Recuerdo un verso de Sabines:
Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba
Antes creía que era urgente el trabajo, ahora sé que lo urgente es la vida, y el amor, y contemplar la luna, y caminar de noche, y abrazar muy, muy fuerte, y cantar con los lobos convertidos en hombres, y confiar en la gente, y escribir este blog, y besar en los labios, y escuchar quietamente el aullar de los perros, y vestir otra piel, e imaginar el mar, y tomarse un café mirando como la gente pasa ensimismada en sus propias urgencias; y descubrir entonces que es verdad: la eternidad se nos acaba, pero cuando se agote, el fin me encontrará con la sonrisa puesta.

miércoles, 15 de abril de 2009

Los accidentes no existen

Recuerdo ahora El extraño caso de Benjamin Button, la película en general me parece maravillosa, pero lo que viene en este instante a mi memoria es la secuencia del accidente de Daysi (Cate Blanchett) donde se nos muestra la increíble cantidad de pequeñas circunstancias que deben concatenarse para que algo suceda de una determinada forma y no de otra. La más mínima variación y la historia ya no sería la misma. Las opciones que no fueron se desvanecen o quizá formen parte de un universo paralelo al que podemos recurrir en caso de desesperación extrema, sólo hay que encontrar la formula apropiada como Evan, en El efecto mariposa, pero ese no es el tema de esta nota.
Más bien estoy aquí, para dejar constancia por escrito del asombro que me ha causado siempre pensar en como construimos nuestra historia a partir de decisiones tan aparentemente simples como doblar a izquierda o a derecha, entrar en un café o regresar a casa, y cómo estas pequeñas elecciones se van concatenando con las vidas de otros hasta construir nuestro presente. Persiste la pregunta: ¿Pudiera haber sido de otro modo? A veces no queda más remedio que creer en el destino y repetir, al lado de los sabios orientales (aunque no los conozca más que por Kun Fu Panda): Los accidentes no existen.

jueves, 9 de abril de 2009

Hablando de nostalgias

Ayer volví a sentirme adolescente, es decir, incompleta. Se desbordó el anhelo por algo indefinido que estaba en el pasado pero que ya no está. ¿Hubo un sitio seguro, alguna vez, en que nada faltaba?, ¿cuál es el camino de regreso?
Cioran decía que el hombre no está satisfecho de ser hombre (digamos ser humano para no importunar lecturas feministas). La falta es parte de nuestra condición y todo lo que hacemos: construir, destruir, odiar, amar, es para acercarnos a a aquello que no somos.
Todos somos Ulises y extraviamos el camino de regreso a Ítaca, todos somos Adán y nos fue quitado el paraíso. Pérdida primordial que nos define. No hay orgasmo, éxtasis, borrachera, que persista más allá de la nostalgia. ¿Cómo ocultarnos de ella? A veces, sólo a veces, en medio de un abrazo protector y desinteresado.

lunes, 6 de abril de 2009

Distentio animi

Emprendo esta noche un diálogo con San Agustín, él me explica que el tiempo no es más que el "alargamiento" del alma misma, distentio animi lo llama. El tiempo no existe, lo que existe es un presente dividido. Cuando prestamos atención vivimos el presente de las cosas presentes; cuando recordamos vivimos el presente de las cosas pasadas; cuando esperamos vivimos el presente de las cosas futuras. Me conforta saber, gracias al santo, que ya sea como recuerdo, presencia o esperanza, las personas que quiero serán siempre parte de mi historia.
Y así me construyo, me construyen, las circunstancias, las personas, las ideas, las emociones... Todo aquello que alguna vez formó parte de mi existencia y que ahora, gracias a que mi espíritu se alarga, persisten en mi ser. Del mismo modo, el espíritu toca aquello que no ha sido y sin embargo espero, también el deseo, que tiende sus dedos al futuro, forma parte de esto que soy ahora. Así es como abrazo y soy abrazada por el tiempo.

domingo, 5 de abril de 2009

Un símbolo de superioridad...

Ayer, mientras esperaba abordar el autobús que me traería de Acapulco a Puebla, compré una revista para matar el tiempo. Leí: "El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad", lo dijo Beethoven y estoy de acuerdo. La bondad nos permite dar lo bueno de nosotros mismos a las personas que están en nuestro entorno. Si damos lo bueno, necesariamente nos vamos convirtiendo en la mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, muchas veces, no nos damos cuenta de lo que implica superarse a si mismo, ser mejores.
Recordé una historia, leída hace muchos años, sobre una ciudad de pozos, pozos que un día descubren que están vacíos y descubren también que eso no les gusta. Comienzan a llenarse de cosas. Algunos optan por joyas, ropa, cosméticos y accesorios; otros por libros, piezas de arte o instrumentos musicales; todos de acuerdo a sus gustos y posibilidades. Se van llenando poco a poco pero no por ello se sienten satisfechos. Se ensanchan para poder llenarse de mas cosas, pero surge un peligro, si continúan así los bordes de unos y otros desaparecerán.
Un pozo que habitaba en las afueras de la ciudad descubre que ensancharse puede ser peligroso, se pregunta si hay otra manera de crecer, quizá, si en lugar de crecer hacia los lados, procura crecer hacia lo profundo... decide intentarlo, no puede, ¡está tan lleno de cosas!, para crecer hacía el fondo debe desprenderse de lo que ha acumulado hasta ahora, lo hace, crece a lo profundo y descubre, allá en el fondo, un río subterráneo, se llena de agua y la vida empieza a florecer a su al rededor.
Recordé esta historia porque es así como veo la bondad, sólo aquel que ha crecido hacia lo profundo, que ha encontrado en el fondo su propio ser, puede darse a los demás, hacer que la vida florezca a su al rededor. Se da sin temor porque sabe que nada le puede ser quitado. Esa es la verdadera superioridad, aquella que no se busca pero se encuentra. Eso es algo que quiero recordar.

viernes, 3 de abril de 2009

Mañana en la batalla...

Recuerdo el libro de Javier Marías. Me pregunto que tanto de mi historia, esa a la que he asistido, es realmente como la recuerdo. Coincido con el escritor español, con su personaje al menos, en que la imaginación tiene ingerencia en la construcción de nuestro pasado. Pienso en Freud, en aquello de la novela familiar (hablo de oídas, quizá no fue él quien esbozó esta teoría). Construimos una mitología personal en la cual sustentar lo que somos. Necesitamos justificar nuestro ser. A veces la vida no basta para respaldar la manera en que nos hemos construido, entonces hay que inventar. Idealizamos los amores y los desamores para creer que la vida es menos simple. Pero en el fondo sabemos que nada pasa, que no somos más que espectadores de esto a lo que llamamos existencia. Fabulamos. Quizá nuestro pasado no sea exactamente como lo recordamos, quizá no amamos ni sufrimos tanto como recordamos que lo hicimos, pero lo mismo que en una novela, no se trata de una mentira, sino de otra verdad que nos permite darnos cuenta de nuestras posibilidades emotivas. Entonces ¿qué más da que el enunciado de nuestra vida no tenga un enunciado "real"? Al final de cuentas, ¿qué es la realidad sino una construcción imaginaria?

miércoles, 1 de abril de 2009

La importancia del arte

Sigo con Lotman. Dice que el juego ayuda a los niños a conocer las distintas situaciones vitales, a aprender los diferentes tipos de conducta propias de cada circunstancia, a enfrentarse por primera vez a distitas emociones, porque les permite construir modelos de realidad que de otro modo les serían inaccesibles. En el juego los niños van revelando y descubriendo su propia naturaleza profunda.
"Esta misma misión, fundamental para el hombre, la realiza en una mayor medida el arte", dice, y agrega: "Al crear al hombre una posibilidad de hablar consigo mismo den diversos lenguajes, al codificar de modos diversos su propio yo, el arte ayuda al hombre a resolver uno de los problemas psicológicos más importantes: la determinación de su propio ser."
Esta nota es para ampliar el argumento cuando hay que contestarle a las personas que preguntan: ¿el arte, de qué sirve?. Yo siempre he sostenido que nos hace mejores seres humanos, y ser mejores seres humanos hace una humanidad mejor, una humanidad constructiva, no destructiva. y si ese no es el propósito de toda actividad humana, ¿cúal será?

martes, 31 de marzo de 2009

Dios mandó a sus ángeles...

Abro la ventana de mi departamento. Frente a mí, el escudo de la ciudad de Puebla, cinco torres flaqueadas por ángeles, sobre ellas las iniciales de -K- y -V-, que significan Carlos V, frente a ellas un río. Al rededor una cinta con la leyenda: Angelis svis devs mandavit de te vt cvstodiant te in omnibvs viis tvis: Dios mandó a sus ángeles para que custodiaran todos tus caminos. A veces, muy seguido, me parece una señal del universo. Me siento protegida.
Esta nota es para recordarme que mi vida está llena de ángeles. Que cada persona que conozco es una bendición. Que siempre hay algo bueno que aprender de cada ser humano que tengo frente a mí. Que siempre, pero siempre, somos la persona correcta en el lugar correcto, haciendo lo correcto, aunque a veces, muchas para mí gusto, no entendamos el orden supremo de las cosas.
También es para recordarme que debo agradecer a ese orden supremo al que me gusta llamar Dios, por cada uno de los ángeles que ha enviado a custodiarme desde mi nacimiento.

lunes, 30 de marzo de 2009

Interpretaciones de la realidad

Leo: "No hay una relación directa entre las palabras y las cosas: la realidad es interpretada". Me parece que es cierto, es por eso que la información que recibimos sobre el mundo muchas veces no corresponde a lo que el mundo "es" sino a la manera en que quienes transmiten la información ven o quieren hacernos ver el mundo en que vivimos. Esta nota es para recordarme que la realidad ofrece siempre múltiples evidencias de lo que está siendo, y que mi propia subjetividad (porque hace mucho dejé de creer que la objetividad sea posible), puede formarse una idea precisa de cómo funciona el mundo, mi propia interpretación, que al final de cuentas será solo eso. Hace tiempo leí: "Los otros son distintos, piensan diferente, no significa que estén equivocados". Este es un criterio que a veces me cuesta más trabajo aceptar, lo cierto, para mí, es que cada uno de nosotros responde, no al mundo, sino a la interpretación que tiene que él, tamizada por la ideología de que se nutre.

El optimismo trae buena suerte

Lo he comprobado, cuando me concentro en lo bueno de las cosas, más cosas buenas comienzan a llegar. Hace unos momentos leí que en la mente divina todo es posible (sí, lo confieso, he leído los libros de Cony Méndez, Deepak Chopra y Brian Weiss) y escribo esta nota para recordarme que el universo es mucho más de lo que percibimos a simple vista. Hay una inteligencia superior, a la que a mí me gusta llamar Dios, que pone todo en su lugar. Sí, hay cosas que no me gustan, que quiero cambiar de mí y del mundo en el que vivo, pero sería injusto dejar de ver todo lo bueno que la vida nos brinda a cada instante. Y habría más cosas buenas para todos si los que hemos sido bendecidos nos permitiéramos ser canales para que las bendiciones del universo lleguen a los demás. Porque lo cierto es que todos merecemos la oportunidad de ser dichosos. La gente dichosa, la verdaderamente dichosa, no produce daño. Quien hace daño es porque no es dichoso, entonces no lo juzgo, lo compadezco. Quiero ser dichosa y que la dicha se vuelva una epidemia capaz de contagiarse con el leve roce de una caricia, y aún más, con una sonrisa soltada por descuido al cruzar la mirada con un extraño.

sábado, 28 de marzo de 2009

En construcción

Leo a Lotman. Me dice que el arte es un lenguaje. Los lenguajes sirven para comunicarnos, sí, pero antes que eso, para transmitirnos un modelo de mundo. Pienso en los múltiples modelos de mundo que he leído hasta ahora, los que he visto y escuchado; en si tengo ya una idea precisa de que cómo es el mundo para mí.
El mundo, dice Heidegger, según yo, no es el planeta en sí, sino la interpretación que hacemos de cuanto existe. Creo que el amor es una prueba de ello, no amamos a la persona, sino la imagen que creamos de la persona amada, pero ese es otro tema. Vuelvo al mundo, ese cuya imagen me represento en eso que Freud llama conciencia (advierto que cualquier teórico avezado saltaría ante mis mescolanzas conceptuales, pero no importa, construyo mi propio mundo).
En fin, esta nota es sólo para recordarme que el mundo, mi mundo, está en construcción. Que estoy, por tanto, en la posibilidad de transformar aquellos modelos construidos por otros y con los que no estoy de acuerdo.