lunes, 30 de marzo de 2009

El optimismo trae buena suerte

Lo he comprobado, cuando me concentro en lo bueno de las cosas, más cosas buenas comienzan a llegar. Hace unos momentos leí que en la mente divina todo es posible (sí, lo confieso, he leído los libros de Cony Méndez, Deepak Chopra y Brian Weiss) y escribo esta nota para recordarme que el universo es mucho más de lo que percibimos a simple vista. Hay una inteligencia superior, a la que a mí me gusta llamar Dios, que pone todo en su lugar. Sí, hay cosas que no me gustan, que quiero cambiar de mí y del mundo en el que vivo, pero sería injusto dejar de ver todo lo bueno que la vida nos brinda a cada instante. Y habría más cosas buenas para todos si los que hemos sido bendecidos nos permitiéramos ser canales para que las bendiciones del universo lleguen a los demás. Porque lo cierto es que todos merecemos la oportunidad de ser dichosos. La gente dichosa, la verdaderamente dichosa, no produce daño. Quien hace daño es porque no es dichoso, entonces no lo juzgo, lo compadezco. Quiero ser dichosa y que la dicha se vuelva una epidemia capaz de contagiarse con el leve roce de una caricia, y aún más, con una sonrisa soltada por descuido al cruzar la mirada con un extraño.

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