viernes, 3 de abril de 2009

Mañana en la batalla...

Recuerdo el libro de Javier Marías. Me pregunto que tanto de mi historia, esa a la que he asistido, es realmente como la recuerdo. Coincido con el escritor español, con su personaje al menos, en que la imaginación tiene ingerencia en la construcción de nuestro pasado. Pienso en Freud, en aquello de la novela familiar (hablo de oídas, quizá no fue él quien esbozó esta teoría). Construimos una mitología personal en la cual sustentar lo que somos. Necesitamos justificar nuestro ser. A veces la vida no basta para respaldar la manera en que nos hemos construido, entonces hay que inventar. Idealizamos los amores y los desamores para creer que la vida es menos simple. Pero en el fondo sabemos que nada pasa, que no somos más que espectadores de esto a lo que llamamos existencia. Fabulamos. Quizá nuestro pasado no sea exactamente como lo recordamos, quizá no amamos ni sufrimos tanto como recordamos que lo hicimos, pero lo mismo que en una novela, no se trata de una mentira, sino de otra verdad que nos permite darnos cuenta de nuestras posibilidades emotivas. Entonces ¿qué más da que el enunciado de nuestra vida no tenga un enunciado "real"? Al final de cuentas, ¿qué es la realidad sino una construcción imaginaria?

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