domingo, 5 de abril de 2009

Un símbolo de superioridad...

Ayer, mientras esperaba abordar el autobús que me traería de Acapulco a Puebla, compré una revista para matar el tiempo. Leí: "El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad", lo dijo Beethoven y estoy de acuerdo. La bondad nos permite dar lo bueno de nosotros mismos a las personas que están en nuestro entorno. Si damos lo bueno, necesariamente nos vamos convirtiendo en la mejor versión de nosotros mismos. Sin embargo, muchas veces, no nos damos cuenta de lo que implica superarse a si mismo, ser mejores.
Recordé una historia, leída hace muchos años, sobre una ciudad de pozos, pozos que un día descubren que están vacíos y descubren también que eso no les gusta. Comienzan a llenarse de cosas. Algunos optan por joyas, ropa, cosméticos y accesorios; otros por libros, piezas de arte o instrumentos musicales; todos de acuerdo a sus gustos y posibilidades. Se van llenando poco a poco pero no por ello se sienten satisfechos. Se ensanchan para poder llenarse de mas cosas, pero surge un peligro, si continúan así los bordes de unos y otros desaparecerán.
Un pozo que habitaba en las afueras de la ciudad descubre que ensancharse puede ser peligroso, se pregunta si hay otra manera de crecer, quizá, si en lugar de crecer hacia los lados, procura crecer hacia lo profundo... decide intentarlo, no puede, ¡está tan lleno de cosas!, para crecer hacía el fondo debe desprenderse de lo que ha acumulado hasta ahora, lo hace, crece a lo profundo y descubre, allá en el fondo, un río subterráneo, se llena de agua y la vida empieza a florecer a su al rededor.
Recordé esta historia porque es así como veo la bondad, sólo aquel que ha crecido hacia lo profundo, que ha encontrado en el fondo su propio ser, puede darse a los demás, hacer que la vida florezca a su al rededor. Se da sin temor porque sabe que nada le puede ser quitado. Esa es la verdadera superioridad, aquella que no se busca pero se encuentra. Eso es algo que quiero recordar.

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