sábado, 9 de mayo de 2009

Dicotomías

Lotman dice, palabras más, palabras menos, que todo texto nos muestra dos mundos antitéticos con un límite definido y nos cuenta la historia de un personaje que traspasa el límite: realidad/fantasía, ricos/pobres, capitalistas/comunistas, policías/ladrones, ellos/nosotros. En el fondo de toda historia existe este conflicto sobre el que se dibuja el camino del héroe.
Hace unos día, navegaba en la red buscando antagonismos: bien/mal es el primero, quizás el más común, lo que cambia es la manera en que los hombres traducen bueno/malo. Me encontré con la frase se Sócrates que dice: No existen hombres malos, hay hombres ignorantes; no existen hombres buenos, sino sabios. Tendríamos que asumir, para aceptar el razonamiento del filósofo, que la sabiduría implica mucho más que información y astucia.
Hay un canadiense, Lonergan, se llama, mucho más radical: no existen hombres buenos, sino inteligentes, no existen hombres malos, sino estúpidos. Es lógico si aceptamos: todos y cada uno formamos parte del ser humanidad; al hacer daño al mundo, al ser humano que tenemos en frente, a la larga nos estamos dañando a nosotros mismos, al ser humanidad que conformamos todos, contribuimos a nuestra destrucción. Toda criatura tiende a preservarse y a preservar su especie, lo contrario es sin lugar a dudas muy estúpido.

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