miércoles, 20 de mayo de 2009

No era para nosotros

Nos encontramos, por equivocación, en el lugar correcto para que las miradas se cruzaran. Y no fuimos nosotros, fue la luna, y fue octubre, y aquel día que era lunes, y el absurdo deseo de quedarme sentada contemplando tus manos que no vería otra vez, y la curiosidad de entender que pasaba debajo de tu piel. Y después fue el encanto de tu mirada antigua, tu sonrisa de niño y el calor de tus manos, la dicha de saber que existías, y de que tu existencia se cruzaba, aunque fuera a destiempo y por error, con la mía. Y luego la certeza de que no habría manera de entender el misterio, y el caos agigantándose en el pecho, las voces tropezadas de mi madre y mi abuela hablando de que el amor no basta: hay que hacer lo correcto. Al final la traición de las palabras que dijeron aquello que no quería decir, las ganas encontradas de correr y quedarme.
Ahora es esta grieta tatuada en la epidermis por la que puedo ver mi corazón acurrucado, sin ganas de ser piel, porque tus manos ya no estarán ahí para sentirlo. Y pienso que ese encuentro no era para nosotros, era para alguien más. Ellos habrían sabido conjurar a la luna, acariciar al viento de una tarde de octubre, beberse a fondo un mirar sibarita; habrían sabido incluso decir lo que sentían, aquello que esperaban -porque las esperanzas siempre esperan­-; habrían sido ellos mismos, sin ningún artificio; y les habría bastado con mirarse a los ojos, entrelazar las manos, para entender que el destino nunca se equivoca, y que los encuentros en días de luna llena siempre suceden en el momento justo.

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