lunes, 3 de agosto de 2009

Extrañezas I

Imagina que un día caminas por la calle, frente al antiguo mercado la Victoria, es uno de esos días en que te sientes frívola y observas las vitrinas con ganas de atestar tu armario de zapatos de tacón que nunca te pondrás. Te detienes y piensas que en lugar de elegir entre castaño y negro, si tuvieras dinero suficiente comprarías ambos pares. Un hombre se te acerca, te dice: "me atrevo a molestarla porque hay algo importante que usted debe saber". Lo miras, con su corta estatura, su frente despoblada, bigote recortado estilo Pedro Infante, guayabera azul claro, un bastón en que apoya su cojera. Lo miras, con tu seño fruncido por la desconfianza. Te dice: "Es que yo tengo el don de leer el aura y la suya es muy clara, luminosa, pero hay un punto negro a la altura del vientre, alguien le puso un mal". Respiras, y lo escuchas hablar pacientemente. Esperas al final la tarjeta ofreciendo servicios de limpia, brujería, lectura del tarot, pero no llega. El hombre sólo dice, "está usted advertida, haga algo al respecto. ¿Quiere darme un abrazo?". Tú contestas que no. Y te vas a tu casa con un poco de miedo azuzando tus pasos.

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