martes, 11 de agosto de 2009

Tengo cinco minutos...

...antes de que cierren el café, antes de que el mesero-niño de sonrisa amable me traiga la cuenta sin que se la pida. No sé bien a bien por qué escribo lo que escribo, no sólo esto, sino todo. Ensayo una respuesta, quizá porque queda poco tiempo y si la idea queda inconclusa puedo culpar al prójimo. Siempre es bueno echar la culpa al prójimo de dejar inconclusas las ideas, las historias. Todo termina por culpa del otro. uno lo único que puede hacer es ir sobrellevando esas historias que se quedan en anécdota. Pienso en la mujer de la intendencia que ayer por la mañana leía los cartelitos pegados en las puertas de los baños con frases de Madame Bovary, se apenó cuando vio que la observaba, bajó la vista. ¿Qué le parece? le pregunté. Se ve que está buena, dijo. Pues debería leerla. No, a nosotros no nos prestan los libros. ¿Está segura? No, nunca he preguntado. Hay personas que asumen que no tienen derecho a la belleza, así, sin preguntar. Todos deberíamos sentirnos merecedores de lo bello. Quizá por eso escribo, para crear una belleza simple, al alcance de todos, quizá porque no es del todo bella, porque es para lo que me alcanza la imaginación, para una belleza que no lo es, y para lo que alcanza este mundo en el que los cafés con buen café cierran a las nueve de la noche y la dejan a una con las palabras metidas en el cogote sólo por no empezar a escribir un poco antes. Me voy, antes de que pongan los candados.

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