martes, 20 de abril de 2010

De la ausencia y el tamaño de las bolsas

Alguien, a quien conozco poco y cuyo rostro no recuerdo me pide que el próximo sábado acuda al Bar del Puerto y que lleve un ejemplar del libro porque quiere comprarlo. Asevera que un libro entra perfectamente en mi bolsa, porque uso bolsa grande, y que eso es algo que todo el estado de Guerrero y parte del de Morelos sabe.
Nunca he creído que el tamaño de una bolsa (que en realidad lo que uso son esos morrales que regalan en los congresos o en las librerías si tu compra lo amerita) sea algo que identifique a una persona, pero el asegura que incluso marca la presencia de alguien en un lugar. Añade:
-El día que usted nunca llego al Bar del Puerto una bolsa grande estaba ahí y alguien dijo, Iris si va a regresar porque dejo su bolsa, fue a comer tacos; y yo vi la bolsa y era grande.
Ante esa lógica no puedo más que pensar que está equivocado, si nunca llegue al bar, esa bolsa no era mía, ergo, eso de que uso bolsas grandes es una falacia. Sin embargo insiste, no sólo con esta, sino con una serie de aseveraciones que lo único que indican es que no me conoce, pero no me sorprende.
Lo que me sorprende de todo esto es la capacidad de una persona por aferrarse a las ideas equivocadas, por insignificantes que estas sean con tal de mantener una conversación cuando lo más apropiado, y agradable para el interlocutor, es que le pregunten y ya.

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