jueves, 18 de noviembre de 2010

Me crece la nostalgia...

...humeda y verde. El alma adquiere la apariencia de esos muros construidos a la orilla de una playa tropical. Una nostalgia hermosa, lo confieso (y por hoy es todo lo que puedo confesar).
No hay motivos aparentes (o tal vez se esconden debajo de esa capa de musgo que va cubriendo el alma), para sentir este desasosiego, así que invento algunos, también inconfesables.
Pienso en algunas calles por las que no camino, lugares a los que ya no asisto, promesas que ya jamás se volverán recuerdos, recuerdos que procuro desterrar. Y todo está en su sitio. El mundo se acomoda de la mejor manera y a veces nos asusta, pero no es su intención.
Divago. En mi ventana no hay escarabajos, tal vez porque yo no he soñado con ninguno, pero lo que soñé tampoco está.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hace ya tanto que no escribo...

...pero ¿qué escribir que no suene a quejumbrosa enumeración de los males que aquejan este puerto que habito desde hace nueve meses, a miedo disfrazado de reproche contra el mundo en que vivo?
Recuerdo un tiempo en que las puertas estaban abiertas y las mujeres se sentaban en la calle a ver pasar la vida, a tomar cerveza, a conversar; y la gente saludaba al pasar en voz alta, con gritos; y uno podía caminar de madrugada junto a otros desvelados o madrugadores que hacían que la oscuridad no fuera tenebrosa.
Y aunque a simple vista parece que las cosas no han cambiado mucho, lo cierto es que cambiamos. Ahora las madrugadas se vacían, incluso de fantasmas; en las casas hay rejas dónde antes había viento.
¿Qué escribir, qué no venga la realidad a reirse de la imaginación?