viernes, 27 de abril de 2012

Un laberinto oscuro...

"Mi cabeza es un laberito oscuro.
A veces hay como relámpagos
que iluminan algunos corredores.
Nunca termino de saber
por qué hago ciertas cosas..."

Ernesto Sabato
El túnel

Hace un par de días miraba en mi librero ese reducido espacio, si mucho 50 centímetros, que ocupan los autores argentinos. Sólo Borges, Cortazar, Piglia y Sabato. No más. Así, en orden alfabético. Sé que hay más, pero no he tenido la ventura de leerlos.
Pensé en sus personajes, de algunos recuerdo ciertas frases, pero en general tuve la sensación de que no los conocía. Como cuando en la vida nos presentan a alguien, lo tenemos delante, y una vez que se va descubrimos que no nos dimos la oportunidad de conocerlo.
Afortunadamente siempre hay una manera de invocar un reencuentro. Tomé un libro de Sabato, El túnel, el primero en su nombre, el más breve, el que cuenta la historia de Juan Pablo Castel, el pintor que asesina a la mujer que lo ha dejado solo.
La primera vez que lo leí me sentí exasperada por su inseguridad, por su neurosis, por la retahíla de preguntas que hilvana como un cerco.
Entonces no pude comprenderlo. Ahora por lo menos sé que preguntamos, que exigimos respuesta, porque "nuestra cabeza es un laberinto oscuro" y nunca terminamos de saber por qué hacemos ciertas cosas.

domingo, 15 de abril de 2012

Andarse por las ramas

Nunca he sabido andarme por las ramas. Cuando tenía siete años caí de un árbol. Morí y resucité. Desde entonces no le temo a la muerte pero sí a las alturas. Y sé que a veces duele respirar. El vuelo me da vértigo, esa mezcla de temor y placer.
A veces sueño que caigo, como los ángeles de Milton o de Rushdie. Nunca eternamente, porque la eternidad es asunto de dioses. Sólo caigo y el viento se encarga de hacerme crecer alas. Me desnuda, incluso del pasado y del destino. No hay líneas en mis manos, tampoco piel.
Cuando despierto, el vértigo y mis huesos se han fundido. La vida se hace vuelo. Lanzo mi corazón como si fuera un ancla, para tener manera de regresar a casa, pero a veces no encuentra de dónde sujetarse.