domingo, 15 de abril de 2012

Andarse por las ramas

Nunca he sabido andarme por las ramas. Cuando tenía siete años caí de un árbol. Morí y resucité. Desde entonces no le temo a la muerte pero sí a las alturas. Y sé que a veces duele respirar. El vuelo me da vértigo, esa mezcla de temor y placer.
A veces sueño que caigo, como los ángeles de Milton o de Rushdie. Nunca eternamente, porque la eternidad es asunto de dioses. Sólo caigo y el viento se encarga de hacerme crecer alas. Me desnuda, incluso del pasado y del destino. No hay líneas en mis manos, tampoco piel.
Cuando despierto, el vértigo y mis huesos se han fundido. La vida se hace vuelo. Lanzo mi corazón como si fuera un ancla, para tener manera de regresar a casa, pero a veces no encuentra de dónde sujetarse.

1 comentario:

Javier dijo...

Me gustó el texto pero no las referencias.