sábado, 1 de noviembre de 2014

¿Cómo no estar de luto si vivo en un camposanto?

En Guerrero tenemos la tasa más alta de homicidios del país: 29 de cada 100 mil habitantes mueren asesinados. La cifra se basan en los delitos registrados en averiguaciones previas ante el Ministerio Público, pero se sabe que no todos los delitos se denuncian por miedo y por falta de confianza en las autoridades. Guerrero es además, estadísticamente, uno de los lugares más peligrosos para ser mujer, homosexual, periodista o activista, ahora incluso estudiante de una normal rural.
La desaparición forzada de los 43 normalistas ratifica una rancia tradición en Guerrero. La cantidad de cuerpos hallados en fosas clandestinas, las historias que están siendo contadas a partir de esta reciente pérdida, nos recuerdan que no somos todos, nos faltan muchos, más de 43, pero de algún modo nos las arreglamos para no darnos cuenta de que nos iban faltando.
Sólo hasta ahora, en que no podemos mirar hacia otro lado, porque para ese lado también hay una fosa, empezamos a reconocer que Guerrero se ha convertido en un enorme camposanto y a aceptar que el luto es nuestro.

#HayQueContagiarLaRabia

Me dicen que ‪#‎HayQueContagiarLaRabia‬, y respondo que sí.
Contagiemos la rabia por el asesinato de seis personas en Iguala el 26 de septiembre a manos de policías municipales, que recibieron órdenes del alcalde José Luis Abarca de atacar a los normalistas de Ayotzinapa, para que no interrumpieran la fiesta de la primera dama, María de los Ángeles Pineda, ahora reconocida como operadora de los Guerreros Unidos.
La rabia por los 43 desaparecidos, entregados por los policías municipales, según sus propias declaraciones, a sicarios; por el contubernio que este caso ha demostrado entre quienes ocupan puestos públicos y el crimen organizado.
La rabia por el manejo de la información que cuestiona a la víctima para hacernos pensar que "se lo merecían" y al mismo tiempo sembrar el temor a la protesta: Confórmate con tu miseria, la rebeldía se paga con la muerte.
Ojalá logremos contagiar la rabia, la rabia que debería sentirse ante toda injusticia, abuso de autoridad; pero también ante toda indolencia que es lo que nos ha llevado a donde estamos.
Y ojalá sea una rabia poderosa, la rabia que nos saca del área de confort y nos provoca actuar para cambiar las cosas. No la rabia mezquina que denuesta cualquier intento ajeno.
#HayQueContagiarLaRabia

jueves, 22 de mayo de 2014

Volver

Volver aquí, como quien vuelve a una casa abandonada, en un intento por reencontrarnos con aquellos que fuimos, aunque no era esa la intención, sino hablar de la ausencia, o más bien de una ausencia, de la ausencia de él que en este instante atraviesa montañas. Y nada más. Dejemos que el sueño nos derrote.